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cuando jugar a perder hace ganar millones de dólares


El domingo 24 de octubre, pocas semanas antes de brillar en el ATP Next Gen Finals de Milán donde alcanzó las semifinales, Sebastián Báez posó con una amplia sonrisa mientras levantaba el trofeo del Challenger de Buenos Aires. El título le permitía, además, quedar al borde del top 100 por primera vez en su carrera. En lo económico, sin embargo, no le representó un rédito mayor. El torneo le entregó 7.200 dólares -de los que terminó cobrando unos cinco mil por el descuento de impuestos del 30%- tras disputar cinco partidos, un promedio de mil dólares por juego.

Un prize money, sin dudas, escaso en un tenis acorralado por la mafia de las apuestas, mercado en el que se ofrecen entre 2.000 y 3.000 dólares por partido arreglado de Future -la tercera categoría profesional del tenis-, entre 5.000 y 10.000 en Challengers y entre 50.000 y 100.000 en torneos ATP. El negocio, así, parece estar en perder.

«La gira es dura y solitaria, más ahora con la pandemia. Mucho viaje, no estás mucho en el mismo lugar, vas a un torneo y te estás jugando una parte económica en cada partido. No tenés la tranquilidad de un sueldo. Acá es todo más inestable. Y deportivamente es muy competitivo porque los jugadores juegan hasta más grandes y los premios son muy desparejos entre lo que es un ATP y un Challenger. Si perdés en primera ronda de un Challenger, perdiste la plata que pusiste para llegar», le dice a Clarín Gonzalo Villanueva, de 26 años y 453 del mundo, cuyo dinero acumulado hasta noviembre de 2021 en la web de la ATP indica US$ 9.768.

Singles y dobles. Gonzalo Villanueva posa con el trofeo por ganarel M15 de Villa María en abril junto a Mateo Martínez. Foto Instagram

Singles y dobles. Gonzalo Villanueva posa con el trofeo por ganarel M15 de Villa María en abril junto a Mateo Martínez. Foto Instagram

Los apostadores saben de esa situación y por eso buscan tentar con sus billetes a los tenistas más vulnerables en los torneos donde menos controles hay. Así es como llegan a los circuitos ATP Challenger e ITF WTT, los famosos Futures. Según pudo averiguar Clarín con fuentes que pidieron la reserva de sus nombres, los apostadores son pibes re comunes, como los que van a la facultad: veintipico, buena presencia, vestidos con un jean; no son mafiosos, no te dan miedo”. Aunque algunos sí llaman la atención porque lucen nerviosos, están constantemente comunicándose por teléfono o son extranjeros que viven a miles de kilómetros de donde se realiza el torneo.

“Estoy totalmente en contra pero entiendo que pasa por una necesidad económica”, continúa el paranaense Villanueva. «Empezás a notar que vas a un torneo y tenés que ganar sí o sí para poder salvar los gastos. Y si te empieza a ir mal, se empieza a hacer muy duro. Y hay gente que está metida en estos temas que ofrece plata y es bastante buena cantidad, quizás más de la que ganaría ganando el torneo. De repente, te encontrás con que no sabés si vas a ganar dos partidos en el torneo y ofrecen un montón y terminan aceptando. Según tengo entendido, después te empiezan a decir cada vez más. Una vez que entran, se les hace difícil salir. Yo no sé mucho del tema porque no me pasó», aclara.

La realidad es que Argentina no es ajena a una problemática mundial y que, en parte, tiene una raíz en la diferencia de prize money. La fantasía popular del tenista millonario es eso: una irrealidad, un hecho que solo se da en un puñado de casos. Solo aquellos que acceden al top 100 del ranking de la ATP pueden darse el lujo de vivir del tenis. En cambio, los jóvenes que incursionan en el deporte y lo toman como su profesión deben sobrevivir en el circuito, analizar cuidadosamente cada viaje y cada gira para que al final de la aventura no haya pérdidas monetarias.

Mientras ese grupo se nutre de billetes para llevar a cabo su plan y ganan millones en la casas de apuestas, del otro lado está la Agencia Internacional de Integridad del Tenis (ITIA), que reemplazó a a la Unidad de Integridad del Tenis y es financiada por los siete organismos poderosos del tenis: la Federación Internacional de Tenis , la ATP, la WTA, el Australian Open, el Abierto de Francia, Wimbledon y el US Open.

En lo que va de 2021 -hasta septiembre inclusive-, la ITIA ha emitido 15 sanciones -incluido el argentino Franco Feitt (sancionado de por vida)- y 11 sanciones provisorias, entre ellos el argentino Nicolás Arreche, además de haber recibido 72 alertas de partidos. Aún falta el reporte del último trimestre, que incluirá lo ocurrido entre octubre (ya hubo una sanción provisoria) y diciembre.

«Esto incluye de dónde recibimos alertas de apuestas, y verá que generalmente se encuentran en los niveles más bajos del deporte«, señaló Adrian Bassett, jefe de comunicaciones de la ITIA, ante el contacto de este diario. «A veces, la información de una alerta de apuestas o de las redes sociales puede ser parte de la evidencia, pero a menudo es más complicado que eso y puede llevar tiempo. Es importante decir que, en general, el tenis es un deporte honesto, con la mayoría de los jugadores y partidos fieles al espíritu del juego. Trabajamos duro para tratar con la minoría activa que no es honesta«, agregó desde Londres.

¿Cómo es un torneo en esos «niveles más bajos» señalados por la ITIA? «Hay bastantes diferencias», anticipa Lourdes Carlé, 261° del ranking de la WTA y habitual representante de Argentina en la Billie Jean King Cup. «Lo primero es la calidad del torneo: no siempre son las mejores canchas, pelotas, condiciones. Uno cuando sube de nivel cambia: vas a buenos hoteles, las canchas son buenas, no faltan pelotas para entrenar. Y esos son detalles que a la hora de estar en la cancha y jugar suman. Y ni hablar de la mayor diferencia es la económica», resalta.

«Muchas veces las entradas son gratuitas o no son necesarias las credenciales, entonces los apostadores pueden ir y entrar más fácil», aporta Villanueva.

«Tienen más acceso porque por ahí son torneos que no tienen mucho control de supervisores o árbitros y por eso se da. Esos torneos no dan mucho ingreso y entonces un chico que la está luchando y no viene muy bien y que por ahí está en duda termina cometiendo un error enorme como es el tema de las apuestas, que pasa mucho la verdad, lamentablemente», profundiza Carlé.

María Lourdes Carlé se lució en la Billie Jean King Cup en abril pese a la derrota argentina contra Kazajistán. Foto ITF

María Lourdes Carlé se lució en la Billie Jean King Cup en abril pese a la derrota argentina contra Kazajistán. Foto ITF

Nacida en Daireaux, una localidad de 12 mil habitantes a 300 kilómetros de Tandil, donde se mudó para formarse como tenista, pero actualmente con residencia en Estados Unidos, la tercera mejor tenista argentina del momento afirma que «depende mucho del jugador» si acepta arreglar partidos o no.

«Yo personalmente ni lo pensaría en hacer porque mi familia me ha inculcado que esas cosas no se hacen, mismo mis entrenadores. Pero se puede dar porque muchos jugadores por ahí viajan solos por mucho tiempo y, por ahí, se pierden. No ganan mucha plata y los agarran en algún mal momento y los convencen. Por eso creo también que es muy importante los valores que la familia te pone y la guía de tus entrenadores, de saber lo que hay que hacer y lo que no», cuenta.

A la soledad, se le suma la influencia de las redes sociales. «Para que te contacten es mucho más fácil. Te das cuenta con gente que te insulta, que no sabés quién es, pero que te busca y te encuentra. Con los apostadores pasa lo mismo. Cualquiera te puede encontrar ahora con las redes sociales. Lo tomo como que es una persona que apostó plata y te insulta por insultar, nunca me lo tomo como algo personal. Igual es molesto porque ganás un partido difícil, estás contento y recibís insultos. O perdés un partido, estás amargado y agarrás el teléfono y lo primero que ves es gente insultándote. No está bueno», explica Villanueva.

Para ambos sería importante que las sanciones desalienten a los tenistas que caen en las redes de los apostadores. «Ojalá que sí porque si hay algo que tiene el deporte es que es un juego. No está bueno que se pierden los valores y se juegue sucio. Ojalá que las sanciones alerten más a los jugadores. Me parece bien que se pongan duras las sanciones, porque antes de hacerlo el jugador lo va a pensar realmente», concluye Carlé.

El hecho de que solo un bajo porcentaje de tenistas reciba una sanción enciende aún más las alarmas, como también los testimonios de aquellos que reportan por mail a la ITIA y no reciben una respuesta. Y no solo eso: el organismo aclara en sus comunicados «que la información de una alerta de apuestas o de las redes sociales puede ser parte de la evidencia, pero a menudo es más complicado que eso y puede llevar tiempo». Incluso, según un entrenador que pidió mantener la reserva y fue testigo de un hecho de soborno que reportó pero sin obtener una respuesta oficial «a los que suspendieron es porque son demasiado obvias las pruebas».

El tenis argentino no es ajeno a una problemática mundial

Nicolás Kicker debutó en el equipo argentino de Copa Davis en la serie contra Chile de abril de 2018. Foto Archivo Clarín

Nicolás Kicker debutó en el equipo argentino de Copa Davis en la serie contra Chile de abril de 2018. Foto Archivo Clarín

El juego de Guillermo Vilas regó el territorio argentino de canchas de tenis. Producto de eso, cientos de niños nacidos en los ’70 y comienzos de los ’80 se acercaron al deporte y en el inicio del siglo XXI le dieron al país su época gloriosa. La Legión, ese grupo de elegidos que lideraban Guillermo Coria, Gastón Gaudio y David Nalbandian, logró que durante varios años la bandera argentina fuera predominante en el ranking de la ATP, más allá de que ninguno fue número 1.

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Sin embargo, esos tiempos dorados tuvieron su mancha cuando el doping salpicó a seis tenistas argentinos entre 2001 y 2005 (Guillermo Cañas, Juan Ignacio Chela, Guillermo Coria, Mariano Puerta, Martín Rodríguez y Diego Hipperdinger). Casi 20 años después, mientras el tenis busca resurgir en Argentina y la NextGen celeste y blanca -conformada por Francisco y Juan Manuel Cerúndolo, Sebastián Báez, Tomás Etcheverry, Camilo Ugo Carabelli y Thiago Tirante- se asoma después del éxito de Juan Martín Del Potro, un nuevo flagelo que atenta contra el deporte de la raqueta golpea por estos lados: la mafia de las apuestas.

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El primer caso que golpeó al tenis nacional fue el de Nicolás Kicker, el 24 de mayo de 2018, cuando el entonces 84° del mundo que un mes antes había debutado en la Copa Davis conoció su sanción de tres años (luego reducida a 32 meses) por arreglar dos partidos en los Futures de Pádova y Barranquilla -la tercera categoría del profesionalismo- en junio y septiembre de 2015.

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Esa investigación involucró a otros tenistas argentinos: por un lado, a Marco Trungelliti, quien había recibido un intento de soborno que reportó y permitió establecer conexiones con los mismos apostadores, como reportó en una entrevista con el periodista Sebastián Torok; por el otro, a Federico Coria, quien recibió dos meses por no contar intentos de soborno en Sassuolo ese mismo año, y a Patricio Heras, culpable por haberse dejado ganar en la primera ronda del Challenger de Barranquilla 2015 -el mismo torneo que Kicker- y no informar otros dos contactos posteriores.

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Cuando parecía que la tormenta había pasado, con Kicker de nuevo en las canchas aunque vetado por lo ITF por lo que su título en el M15 de Villa María de abril no fue televisado, llegó la pena más dura para un tenista argentino. El martes 13 de abril fue un verdadero día de terror para Franco Feitt, culpable por arreglar partidos entre 2014 y 2018, por lo que fue suspendido de por vida. El quinto caso, en tanto, está en suspenso y el protagonista es Nicolás Arreche, que debió dejar de jugar en mayo por presuntas infracciones al Programa Anticorrupción del Tenis.

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La fantasía popular del tenista millonario

Novak Djokovic es el líder del ranking y, en un 2021 en el que «apenas» ganó cinco títulos, lleva acumulados 8.377.225 dólares en premios, lo que asciende a más de 150 millones -aunque a eso hay que restarles las retenciones por impuestos-. en toda su carrera solo por jugar al tenis y sin tener en cuenta los sponsors que su figura genera. Roger Federer, considerado por muchos el mejor tenista de la historia, «solo» embolsó 647.655 dólares en una temporada marcada por su escasa actividad (jugó 13 partidos), no obtuvo trofeos y salió del top 10.

Entre los argentinos, Diego Schwartzman es el mejor ubicado en el escalafón, desde el puesto 16 hasta noviembre, y superó el millón de dólares (1.718.408). Ganó un título, como también lo hizo Juan Manuel Cerúndolo, aunque en el caso del tenista de 19 años y el primer argentino Sub 20 que rompe la barrera del top 100 desde 2006 la cifra obtenida en premios decae a 231.584 -aumentó considerablemente tras su paso por Milán junto con Báez-.

La diferencia se acrecienta aún más entre los que están por fuera del top 200. Mientras que para Renzo Olivo (192°) el prize money del ATP Tour asciende a 124.735 dólares, apenas unos puestos detrás, el primer representante fuera del top 200, Thiago Tirante (207°), sumó hasta ahora poco más de 35 mil dólares. Poco para alguien que afrontó gastos altos este año por sus viajes a Turquía, Sudamérica, Estados Unidos y una larga gira por Italia, ¿no?.

Thiago Tirante en 2019, cuando era campeón en el Orange Bowl y número uno del mundo junior. Foto @OrangeBowl

Thiago Tirante en 2019, cuando era campeón en el Orange Bowl y número uno del mundo junior. Foto @OrangeBowl

Su caso, además, sirve para abordar la problemática de las apuestas. Hace unos meses, en el podcast 3 Iguales, admitió que le ofrecieron perder cuando jugaba “un torneo de 25 mil dólares, en Italia, hace como tres años”. “Yo había pasado la qualy y jugaba en primera ronda, y me ofrecieron 5.000 euros por perder. Yo se lo reporté a la TIU, les mandé una screenshot y siempre comento que nunca me contestaron. Nunca me había pasado, pero te genera mucha cosa».

«Al otro día que me llegó el mensaje -se explayó el platense- fui a jugar con mucha presión porque no sabía qué había pasado. No sabía si había apostado o no. O si perdía y me denunciaban porque había perdido. Entonces, el día del partido me sentía raro, pensaba todo el tiempo en eso, la verdad. Nunca había sentido eso, porque nunca me habían ofrecido y fue difícil jugar ese partido”.

En resumen, el prize money divide a aquellos que ganan dinero, pueden comprarse una casa y vivir del tenis de otros que juegan tan bien como esos del top 100 pero viven con lo justo, algo que traspolado a otras actividades -como puede ser el abogado 350 del mundo, que seguramente es rico, contra un tenista número 350 del ranking, que pierde dinero en cada viaje- queda aún más clara la injusticia en el reparto del dinero.

Los informes trimestrales de la ITIA

En el primer trimestre de 2021, seis jugadores fueron sancionados: Roberto Maytín (Venezuela) por 14 años, Abiodun Oyegoke y Bukola Popoola (Nigeria) de por vida, Nikita Gudozhnikov (Rusia) por 30 meses, Sofia Dmitrieva y Alija Merdeeva (Rusia) de por vida.

Entre enero y marzo de 2021, la ITIA recibió un total de 23 alertas de partidos a través de sus Memorandos de Entendimiento confidenciales con la industria regulada de las apuestas. En ese lapso en el que se jugó el primer Grand Slam del año, no se recibieron alertas en el Abierto de Australia sino que vinieron de ATP Challenger 50 (2), ATP Challenger 80 (5), ATP 250 (4), M15 hombres (10), M15 Mujeres (2).

En el segundo trimestre, fueron cuatro, entre ellos Franco Feitt, sancionado de por vida. Los otros fueron: Barbora Palcatova de Eslovaquia por tres años, Roman Khassanov de Kazajistan por 10 años, Carlos Andrés Sepúlveda Navarro por tres años. Además, se confirmaron varias suspensiones provisionales en espera de nuevas investigaciones o audiencias: Nicolás Arreche (Argentina), Romain Barbosa, Arthur de Greef and Alex Witmeur (Bélgica).

Entre abril y junio, además, la ITIA recibió un total de 11 alertas de partidos a través de sus Memorandos de Entendimiento confidenciales con la industria regulada de las apuestas. No se recibieron alertas en Roland Garros. En cambio, desde el M15 (4) y W25 (3) se registraron los mayores números; el otro (2), desde ATP 250.

Cinco jugadores han sido sancionados en los últimos tres meses (julio a septiembre). Temur Ismailov de Uzbekistan fue suspendido de por vida y su compatriota Amal Sultanbekov por cinco años. Simohamed Hirs de Marruecos, de por vida. Hichem Yasri de Argelia por tres meses; Dario Drebenstedt de Alemania por un año. Además, siete suspensiones provisionales fueron confirmadas, dependiendo de mayor información o declaraciones. Se trata de seis marroquíes y el peruano Mauricio Echazu Puente.

Entre julio y septiembre de 2021, la ITIA recibió 38 alertas de partidos, entre ellas dos en Wimbledon y dos en el US Open. Desde donde más llegaron, igualmente, fueron desde el ATP Challenger (13), seguido por M25 (9) y M15 (7).

“Cada alerta notificada a la ITIA se registra, evalúa y realiza un seguimiento como un indicador de que puede haber sucedido algo inapropiado. Es importante tener en cuenta que una alerta por sí sola no es evidencia de arreglo de partidos. Los patrones de apuestas inusuales pueden ocurrir por muchas razones distintas al arreglo de partidos, por ejemplo, una configuración incorrecta de las probabilidades; apuestas bien informadas; estado físico, fatiga o forma del jugador; condiciones de juego y circunstancias personales», aclararon en cada uno de los comunicados.

Además, el organismo señaló que el análisis más completo se publicará en el informe anual pero aclaró que «se debe tener cuidado al sacar conclusiones sobre la corrupción prevaleciente en la ‘pirámide’ del tenis, ya que hay muchos más partidos en la base que en la cima«.



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