El gol de Nacho Fernández complicó al River de Gallardo y agranda la nostalgia por su partida


Ese zurdazo que se clavó en la esquina izquierda (tras el leve desvío en Paulo Díaz) del arco de Franco Armani fue un puñal para River antes de los 15 minutos del segundo tiempo. Y no solo por tratarse del gol con el que perdió la ida de los cuartos de final de la Copa Libertadores con Atlético Mineiro y que lo dejó muy complicado de cara a la revancha en Belo Horizonte. El dolor se hizo más agudo por el autor de ese tanto, que fue Ignacio Fernández.

Nacho no gritó el gol, por supuesto. Pero ya había avisado que iba a venir a la cancha de River a jugarse todo como el profesional que es. Y cumplió. Tanto, que a pocos minutos del final, metió la pierna de más y le clavó los tapones de su botín derecho a Fabrizio Angileri, que terminó con la pierna vendada y ensangrentada. Y estuvo cerca de hacerle penal. El árbitro venezolano Jesús Valenzuela increíblemente no lo advirtió. Se lo comunicó el VAR, fue a ver la jugada y le sacó la roja al ex River. Así, en la fría noche del miércoles en el Monumental, Nacho fue ángel y demonio. Para ambos equipos.

A River lo golpeó con el gol pero le dio el alivio de que no jugara la revancha. Le dio la victoria a Atlético Mineiro pero lo dejó sin una pieza clave para el choque en Belo Horizonte, que se jugará el miércoles en el Mineirao, con la presencia de 18 mil hinchas locales. En ese estadio River hizo una hazaña en 2015 contra Cruzeiro luego de perder la ida 1-0 como anoche.

A River le trajo nostalgia el recuerdo de Nacho, que se abrazó con todos antes y también después del encuentro. Al final, le ofrendó las disculpas a Angileri por la fuerte patada que le pegó y que le valió la roja, por la que se quedó afuera de la revancha.

«Nacho es un jugador nuestro, que ha vivido todo un proceso muy lindo, que llegó siendo no conocido para el hincha de River y que le costó el primer año. Luego fue asumiendo responsabilidades mayores hasta convertirse en un jugar elemental. Pensábamos que no lo íbamos a enfrentar tan rápido, pero la Copa tiene estas cosas, que jugadores que han sido tan representativos los podamos enfrentar y Nacho va a ser uno de ellos», había dicho Gallardo en la previa del encuentro con Mineiro.

El Muñeco todavía lo extraña. Es que sin Exequiel Palacios, el mediocampo de su equipo se había resentido pero se sostenía gracias al despliegue de Nacho, fundamental para la elaboración de juego pero también en la recuperación de la pelota y en la presión que River ejercía tras la pérdida del balón. Tras su salida, el conjunto del Muñeco quedó «rengo» en esa zona de la cancha. Y hoy lo siente mucho.

A Nacho de le fue la pierna y se pierde la revancha.
Foto: EFE

A Nacho de le fue la pierna y se pierde la revancha.
Foto: EFE

En contrapartida, Fernández hizo crecer el juego de Mineiro. Jugando más adelantado que en River, tal vez, y armando un tridente que combina mediocampistas ofensivos y atacantes, junto a Matías Zaracho y a Eduardo Vargas, por detrás de Hulk, Nacho es clave para hilar los ataques del equipo brasileño y darle la puntada justa. También, para manejar los tiempos y darle pausa justa cuando sea necesario.

Nacho, además, es el dueño de las pelotas paradas. Y la cinta de capitán en su brazo izquierda refleja lo que significa para los dirigidos por Cuca. Tanto creció de la mano de Gallardo que Nacho es capanga en un equipo brasileño.

Nacho le habla permanentemente a los árbitros. Como pasó en la Bombonera para frenar el saque del medio tras el gol de Boca que luego fue anulado tras el llamado del VAR. En el Monumental también fue corriendo detrás del venezolano Jesús Valenzuela cuando el referí fue a ver la jugada de la patada que el ex River le dio a Angileri pero ya sabía que la imagen lo condenaba esta vez.

De cara al partido del miércoles en Belo Horizonte, Mineiro pierde mucho. Sin la presencia de Nacho en la revancha, River siente un alivio, al menos como para no sentirse en inferioridad más allá del 0-1 que tendrá que levantar.

Fernández fue clave en gran parte de los títulos de la era Gallardo. Ganó siete (una Copa Libertadores, tres Copa Argentina, una Supercopa Argentina y dos Recopa Sudamericana) y fue vital en la proeza de Madrid ante Boca. Además, metió 31 goles y dio 27 asistencias en 186 partidos durante los cinco años que jugó con la banda roja. Se fue a principios de este año a cambio de 6 millones de dólares al Mineiro. Gallardo lo necesitaría mucho para jugar en Brasil. Al menos, no lo tendrá en contra.

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