en el debut de Ubeda, la Academia no lució pero ganó y quedó cerca de la punta


El triunfo es reparador. Por la derrota que arrastraba desde el clásico, claro. Y resulta, además, un impulso para el comienzo del ciclo de Claudio Ubeda, ya confirmado hasta diciembre por los dirigentes. Racing necesitaba ganar, independientemente del funcionamiento. Y lo logró bajo la neblina de Avellaneda. Ya habrá tiempo para afirmar la idea del nuevo entrenador. Newell’s jugó mejor en el primer tiempo, pero no logró destrabar el partido. Terminó derrotado y cargado de preocupación. Justo en la previa del derby. “El domingo cueste lo que cueste, el domingo tenemos que ganar”, gritaron los allegados que vinieron desde Rosario.

El desenlace de la era de Juan Antonio Pizzi, tan esperado por los hinchas, generaba la esperanza de ver un equipo diferente, superior a aquel que protagonizó –y perdió- dos finales, aunque siempre estuvo plagado de desniveles. Más allá de la presencia de Ubeda, un hombre de la casa que supo ser campeón con la camiseta celeste y blanca en sus tiempos de jugador pero no despierta grandes expectativas en su rol de entrenador. Sin embargo, lo que se vio en el primer tiempo fue más de lo mismo. La Academia tuvo enormes dificultades en la gestación del juego y casi no inquietó el arco de Alan Aguerre, al margen de un tiro libre de Tomás Chancalay que el arquero visitante mandó al córner.

Hubo algunos retoques tácticos, es cierto. Ubeda no modificó el sistema (4-2-3-1), pero eligió cambiar algunos intérpretes. Sacó a Enzo Copetti, esforzado pero incómodo como volante por la derecha, y apostó a Benjamín Garré, un zurdo que podía lastimar con su diagonal. Con Lisandro López lesionado, rescató a Darío Cvitanich por encima de Ignacio Piatti. Y la idea ya no pasó por juntar líneas de pases para llegar por las bandas, sino que buscó desprenderse rápido de la pelota, ser más directo.

En este contexto, dividió demasiado la pelota y Newell’s encontró facilidades en la recuperación. Por momentos, los rosarinos tuvieron la iniciativa volcando el juego por el sector de Juan José Cáceres, que pocas veces tenía el respaldo de Garré. Por esa zona se movieron Jonatan Cristaldo e Ignacio Scocco, delanteros que flotaron entre el centro del área y el costado izquierdo. Y cuando el tránsito era pesado, llegaba el cambio de frente. Los envíos cruzados fueron una buena alternativa de ataque. No estuvo lúcido el asistente Maximiliano Castelli, que cobró dos offsides inexistentes. Ambas jugadas fueron muy peligrosas. Leonardo Sigali, con un cruce providencial, y Gabriel Arias, con una atajada a puro reflejo, evitaron el gol. De más está decir la polémica que hubiera generado si la pelota cruzaba la línea de sentencia.

Con mayor movilidad en el medio, Nicolás Castro manejaba la pelota y alimentaba el ataque rosarino. Pero todo se hacía demasiado cortado por infracciones tácticas y aburrido por las imprecisiones de unos y otros. Justamente Castro ejecutó la última pelota de los cuarenta y cinco minutos iniciales, un tiro libre que manoteó Arias por encima del travesaño.

Fabricio Domínguez toma el rebote de un inseguro Aguerre y convierte el 2-0.
Foto: Germán Garía Adrasti

Fabricio Domínguez toma el rebote de un inseguro Aguerre y convierte el 2-0.
Foto: Germán Garía Adrasti

La segunda etapa comenzó con el mismo tenor, pero Racing mostró mayor predisposición al ataque por la izquierda, donde Eugenio Mena exhibió su perfil más punzante. Y a partir de una pelota parada -generada por ese sector- encontró la victoria. Fue casi olímpico porque el tiro de esquina de Chancalay rozó en Scocco, que llegó tarde al primer palo, y se metió en el arco de Aguerre, que igualmente no tenía posibilidades de bloquear el remate. Echenique lo apuntó como gol en contra.

Fernando Gamboa intentó mayor manejo con Maximiliano Comba, pero Ubeda estuvo iluminado con los cambios. Al menos, los tres que ingresaron coincidieron en el segundo gol. Copetti cambió de frente para Maximiliano Lovera, el formoseño enganchó y sacó un bombazo, Aguerre dio un rebote corto y Fabricio Domínguez la empujó con el arco a su merced.

El ingreso de Pablo Pérez para generar el juego que le faltaba a Newell’s no pesó. Y lo más cerca que estuvo el equipo rosarino de descontar fue a través de Scocco, quien remató tras un desborde de Comba, pero no pudo vulnerar a Arias, siempre firme.

Ganó Racing, que corre de atrás, pero intentará darle pelea a Independiente. Por historia y por una cuestión de orgullo, claro.



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