lunes, octubre 3News That Matters

entre construcciones aceleradas y dudas por el hospedaje, cómo está Doha a 60 días para la Copa del Mundo


En las calles de Qatar la ansiedad por la llegada del Mundial se siente en el hombre común y en el dueño de la pelota. A dos meses para la Copa del Mundo, la trama que comenzó en diciembre de 2010, cuando el país fue anunciado como sede mundialista, crece sostenida en dos grandes interrogantes: si el país arábigo podrá hacer convivir la pasión de los hinchas con la severidad de sus normas y si estará preparado para atajar el aluvión de visitantes que llegue desde noviembre a su limitada geografía.

Aunque la Copa arranca formalmente el 20 de noviembre con Qatar-Ecuador, la fecha clave para tratar de dilucidar esas dudas es el 1 de noviembre. Ese día se habilitará la Hayya Card, esa suerte de Visa que deberán tramitar todos los que quieran ser parte del Mundial. A 40 días para que se cumpla ese plazo, el país del Golfo Pérsico va dejando las temperaturas extremas del verano para empezar a calentar la previa del Mundial.

Después de 18 horas de vuelo, y algunas más de escala, se llega desde Buenos Aires al aeropuerto Internacional Hamad. Las pantallas gigantes y los carteles reproducen el slogan del Mundial: Now is all (ahora es todo). En el free shop, la oferta de merchandising de la Copa del Mundo todavía es escasa. Lo básico: remeras, gorras, llaveros y lapiceras.

Anand maneja un Uber pero muestra la ciudad como si fuera un guía turístico. A 10 kilómetros del aeropuerto señala a la derecha. “Stadium-nine-seven-four”, dice, separando las palabras como si fuesen sílabas. Apoyado sobre las aguas de la península, el estadio 974 rompe con la monotonía cromática y arquitectónica de la ciudad con sus contenedores de colores y reminiscencias portuarias.

Así es el estadio 974, que se desarmará tras el Mundial de Qatar.

Así es el estadio 974, que se desarmará tras el Mundial de Qatar.

Los ocho estadios están contenidos en una superficie similar a la de un barrio porteño. Con el lustre de lo nuevo, se destacan como grandes moles que exhiben las tradiciones de Medio Oriente con sus diseños de vasijas, barcos o vestimentas típicas. A principios de septiembre cortaron la cinta del más grande de todos: el Lusail, donde Argentina jugará dos partidos; donde se disputará la gran final. Aunque no lograron colmar las tribunas de un estadio con capacidad para 80 mil personas, el partido entre un equipo de Egipto y otro de Arabia Saudita sirvió como ensayo general para el Mundial. Aprobado, aunque los exigentes cacheos demoraron hasta dos horas el ingreso de los hinchas y provocaron algunos tumultos.

“Si a los trabajadores les dicen ‘vos tenés que controlar las entradas y cada una de las mochilas’, lo van a hacer por más que tengan 10 mil personas empujando. Cumplen las órdenes hasta que un superior les diga lo contrario”, explica a Clarín María Belén, una argentina que vive en el emirato hace seis años. En un país en el que no se ven policías en las calles, la seguridad es una gran obsesión y la controlan a través de un avanzado sistema de cámaras a cargo del Ministerio del Interior qatarí.

Dudas sobre el hospedaje

En la zona de Al Wakrah, a 13 kilómetros del aeropuerto, se extiende una gran villa de edificios mellizos blancos y azules donde esperan albergar a decenas de miles de hinchas. Desde la organización anunciaron que el alquiler de estas unidades para dos personas, con baño privado, servicio de limpieza cada tres días, Wifi y una cocina compartida, costará desde 80 dólares. A esto se suman los hoteles, la mayoría de un lujo que se paga caro, y la posibilidad de que las personas de Qatar reciban en sus casas a los turistas (www.hostafan.qa).

A esta última opción se le añade un problema: más del 80% de las personas que habitan el país son inmigrantes y no son dueños de sus casas. Por lo tanto, antes de ofrecer hospedaje tienen que revisar los contratos de la propiedad con su sponsor o patrocinador (así llaman al empleador) para ver cuántas personas están autorizados a recibir. En resumen, la inquietud es si un país con una población estable de unos 3 millones de habitantes estará preparado para acoger un raudal de visitantes.

– No sé dónde los van a meter cuando lleguen todos juntos, de a miles. Acá no van a poder estar tirados en un parque o en una playa como en otros mundiales.

– Si abrieron la Hayya a los que no tienen entradas, es porque les dan las cuentas. Son muy organizados.

Esta charla entre dos argentinos que viven en Qatar se dio luego de que el Comité Supremo que organiza el Mundial anunciara el 8 de septiembre pasado que quien tramite la Hayya Card podrá invitar a tres familiares o amigos más que no tengan sus tickets para los partidos. Los dos argentinos, como todos los que residan en el país, podrán invitar a diez personas durante la Copa.

Lo cierto es que Qatar es una gran obra en construcción a la que sólo le falta colocar los muebles para cumplir con las fechas de entrega. Para llegar con los tiempos, el país se pobló en los últimos 12 años de obreros inmigrantes que urbanizaron el desierto. El diario The Guardian cifró en 6.500 el número de obreros muertos durante esta construcción acelerada, basándose principalmente en los datos proporcionados por los países de origen de esos trabajadores: India, Bangladesh, Nepal, Sri Lanka y Pakistán. Desde Qatar niegan estas cifras y hasta el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, salió varias veces en defensa del país asiático.

En esta foto de archivo tomada el lunes 4 de mayo de 2015, durante una gira de medios organizada por el gobierno, los trabajadores caminan de regreso al sitio de trabajo del estadio Al-Wakra. Foto AP.

En esta foto de archivo tomada el lunes 4 de mayo de 2015, durante una gira de medios organizada por el gobierno, los trabajadores caminan de regreso al sitio de trabajo del estadio Al-Wakra. Foto AP.

El color llega de a poco 

A 60 días para el Mundial, caminar por el centro de Doha es hacerlo entre la niebla, con un verano que se extiende durante ocho meses y que puede tener picos de sensación térmica de 60 grados. El calor es malo. Amparadas por las sombras de los edificios, las mujeres qataríes caminan por las calles totalmente cubiertas con su burka negra y pesada. Unos pasos adelante, los hombres llevan sus típicas dishdasha, túnicas blancas hasta el piso. Si uno apoya todo el cuello sobre la nuca y apunta la mirada hacia arriba, podrá ver en los rascacielos las gigantografías de algunas figuras que jugarán el Mundial. Messi no está.

En la corniche, un paseo marítimo de siete kilómetros que rodea la bahía de Doha -y que en Argentina llamaríamos costanera- está la mayor huella mundialista que tiene la ciudad, más allá de los estadios: el reloj con la cuenta regresiva para la Copa del Mundo. El contador está dentro de una gran esfera transparente que remite a la forma de un balón. Sin aire acondicionado, ingresar es un pasaje al infierno. Alrededor, cada una de las banderas de los 32 equipos que clasificaron al Mundial.

un hombre trota en el parque Al Bidda, en Doha, donde se realizarán los fan festival de Qatar. Foto AP.

un hombre trota en el parque Al Bidda, en Doha, donde se realizarán los fan festival de Qatar. Foto AP.

Al pie de la corniche está el gran ateneo de los hinchas: el prolijísimo parque Al Bidda. Toda esa área de 12 kilómetros será el escenario de los fan festival. Habrá pantallas gigantes para ver los partidos, recitales y puestos de comida y alcohol. En 60 días, la zona de la costanera funcionará como una extensión del parque y se transformará en una gran peatonal con ofertas culturales y gastronómicas.

Uno de los temas más debatidos en la previa del Mundial es la venta de alcohol, que está reducida en el país a hoteles y clubes nocturnos de lujo y al ámbito privado, en el caso de contar con una autorización proporcionada por los propios empleadores. En las calles de Doha la duda es qué hará el más abierto de los países árabes si se enfrenta durante la Copa del Mundo a situaciones que exceden sus normas, como tomar alcohol en las calles o lugares no autorizados; besarse en público o ejercer cualquier tipo de libertad sexual. “Lo primero que van a hacer es tratar de persuadirlos para que, por ejemplo, no beban en esos espacios. Y así con todo lo que acá se considera una infracción y en el mundo occidental no. El país quiere abrirse al mundo y al turismo, no va a generarse un problema ante la mirada internacional”, asegura un argentino que trabaja en la organización del Mundial, en un argumento que se repite en las calles de Doha.

Uno de los temas más debatidos en la previa del Mundial es la venta de alcohol, que está reducida en el país a hoteles y clubes nocturnos de lujo y al ámbito privado, en el caso de contar con una autorización proporcionada por los propios empleadores. En las calles de Doha la duda es qué hará el más abierto de los países árabes si se enfrenta durante la Copa del Mundo a situaciones que excedan sus normas, como tomar alcohol en las calles o lugares no autorizados; besarse en público o ejercer cualquier tipo de libertad sexual. “Lo primero que van a hacer es tratar de persuadirlos para que, por ejemplo, no beban en esos espacios. Y así con todo lo que acá se considera una infracción y en el mundo occidental no. El país quiere abrirse al mundo y al turismo, no va a generarse un problema ante la mirada internacional”, asegura un argentino que trabaja en la organización del Mundial, en un argumento que se repite en las calles de Doha.



Source link

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.