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Gallardo debe recomponer la imagen de un equipo que acusó el golpe ante Tigre


El golpe de la eliminación en la Copa de la Liga pegó fuerte en River. La derrota ante Tigre fue inesperada y dejó al descubierto muchas cuestiones a revisar. Y, sobre todo, una alerta para lo que viene: la Copa Libertadores. Es que en Núñez, luego de una dura noche como la del miércoles, quedaron muchas dudas sobre el futuro del equipo de Marcelo Gallardo en el torneo continental.

Si bien la clasificación a los octavos de final de la Libertadores ya está prácticamente asegurada, la preocupación es de cara a los duelos mano a mano. Y habrá charlas importantes grupales e individuales los próximos días. Seguramente, menos iracundas que las que se dieron en el entretiempo del partido con Tigre, cuando las revoluciones estaban a mil por hora.

Según pudo saber Clarín, antes de volver a la cancha para el segundo tiempo, en el vestuario hubo diálogos subidos de tono y reproches entre los jugadores. Luego del encuentro, Enzo Pérez admitió públicamente: “Regalamos 45 minutos, no estuvimos como teníamos que estar».

Tomá Pochettino no tuvo un buen partido ante Tigre. (AFP)

Tomá Pochettino no tuvo un buen partido ante Tigre. (AFP)

La primera evaluación que surge en este momento es que River se convirtió en un equipo que –como se dice en boxeo- tiene la mandíbula de cristal. Lo lastiman y le cuesta reaccionar. Y ya no tiene esa agresividad bien entendida para presionar y recuperar la pelota rápidamente, como lo hacía en otros momentos. Al fin y al cabo, demuestra cierta liviandad cuando las acciones del juego no se le presentan favorables.

Entonces, la mira está puesta, por un lado, en los rendimientos individuales. Hay altibajos en jugadores de experiencia y en los más pibes también; otros que no agarraron la dinámica del juego de Gallardo y algunos que están muy por debajo de su nivel. Para colmo, se reiteraron los errores no forzados que le dieron goles a los rivales. “Regalamos un montón de goles, no podemos ser tan boludos”, manifestó con crudeza un integrante del plantel, haciendo una autocrítica ya entrada la madrugada del jueves y sin poder conciliar el sueño.

Ya Gallardo había hablado en la conferencia de prensa de ese tema. “Vino otra vez un error no forzado y a partir de ahí nos costó. A veces, cuando se cometen errores puntuales y padecemos y sufrimos goles, hay un golpe anímico importante. Por más que quieras salir, te tenés que volver a rearmar. A veces lo podés hacer y a veces no alcanza”, admitió el Muñeco en referencia a la falla de Paulo Díaz (quiso darle un pase de primera a Enzo Pérez y le regaló la pelota a Facundo Colidio) en el segundo gol de Tigre, que hizo recordar a los errores de González Pirez ante Platense y Boca.

Gallardo no quedó conforme con el rendimiento individual de algunos de sus jugadores. (García Adrasti)

Gallardo no quedó conforme con el rendimiento individual de algunos de sus jugadores. (García Adrasti)

El otro foco está en lo colectivo. Y ahí entra la responsabilidad del entrenador también, cuyo planteo fue superado como pocas veces por un rival como pasó el miércoles en el Monumental por Tigre. Y así quedó expuesta la inestabilidad que River tuvo durante el semestre. “Fuimos discontinuos e irregulares”, reconoció el entrenador del Millonario.

Gallardo tampoco pudo darle el salto de calidad que buscó sumarle al plantel en el mercado de pases. River hizo una inversión importante (de unos 10 millones de dólares, aproximadamente) y trajo siete jugadores (Herrera, Gómez, González Pirez, Mammana, Pochettino, Quintero y Barco) que se agregaron a un equipo que venía de ser campeón. Y recuperó a De La Cruz y a Suárez. Sin embargo, con el delantero cordobés y Juanfer Quintero lesionados, el técnico no encontró respuestas en el banco de suplentes. Una prueba es la demora en los cambios (Braian Romero y Santiago Simón, los primeros en ingresar, recién lo hicieron a los 27 minutos del segundo tiempo) en el partido del miércoles.

Es que en el recambio tampoco había mucho por modificar. En el banco de suplentes de doce jugadores, la mitad (cinco defensores y un volante central de marca) eran jugadores del medio para atrás y solo había un delantero. Los otros cuatro eran jugadores del mediocampo, una zona en la que Gallardo acumuló jugadores y varios de ellos de similares características. “Juegan muy bien con la pelota, pero dan más pases al pie que al espacio y muchas veces las transiciones no son rápidas. Y cuando no la tienen, les cuesta activar la presión rápida, por lo que la recuperación es tardía”, comentó en diálogo con este diario un ex futbolista de River. Y resumió: “Hay muchos que juegan de lo mismo y a lo mismo”.

Enzo Pérez encabeza la salida de River del Monumental tras la derrota frente a Tigre. (García Adrasti)

Enzo Pérez encabeza la salida de River del Monumental tras la derrota frente a Tigre. (García Adrasti)

La apuesta por jugar con muchos volantes no dio frutos. Y los laterales, tan importantes en el esquema, no dieron soluciones. Con Rojas lesionado y Casco a media máquina, Andrés Herrera y Elías Gómez todavía no se engancharon en la dinámica de River.

Para colmo, se resintió el ataque, que tenía además pocas alternativas. Julián Álvarez tuvo buenos partidos, aunque no fue “Superman” como en la última parte del 2021. Suárez volvió en gran nivel, pero se lesionó. Y Romero se cayó. Enzo Pérez también bajó su rendimiento y la defensa no da solidez. El equipo está frágil. Y la Copa Libertadores no perdona.



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