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lo que deja el tenis de Leonardo Mayer


«Tengo que seguir corriendo, Mirá esos hinchas de la esquina cómo siguen ahí a pesar del calor. No puedo abandonar. Tengo que hacerlo por ellos”. Leonardo Mayer estaba al límite de sus fuerzas ante Joao Sousa, en el que terminó siendo el partido de single más largo en la historia de la Copa Davis. Desde hacía cuatro horas tenía el cuerpo acalambrado en su totalidad y las ampollas le estallaban en los pies.

La cancha de polvo de ladrillo de Tecnópolis era un horno en aquel cuarto punto de la serie ante Brasil, en el debut de Daniel Orsanic como capitán del equipo argentino en 2015. En uno de los cambios de lado del quinto set que se definió por 15-13, estuvo a punto de tirar la toalla. Pero vio a esos chicos sentados en sus sillas de ruedas que le pedían un poco más. Entonces fue por más. Y terminó ganando un partido crucial para que luego Federico Delbonis ganara el match.

Ese era el Leonardo Mayer jugador que ayer le dio paso al Leonardo Mayer exjugador. Es el que ahora tendrá tiempo para su familia, para su mujer, Milagros -”que fue parte de todos los momentos vividos y apoyo fundamental”, según escribió en su carta de despedida-, para sus hijos Valentino (4 años) y los mellizos Camilo y Pedro (1), para visitar con tranquilidad y parsimonia provinciana su amada Corrientes, para salir al río en su lancha y quedarse horas y horas con la caña esperando el pique.

La amabilidad de Mayer en Zagreb antes de la final de la Davis 2016. Foto Germán García Adrasti (enviado especial)

La amabilidad de Mayer en Zagreb antes de la final de la Davis 2016. Foto Germán García Adrasti (enviado especial)

Y ahí repasará lo que fue una excelente carrera que se terminó a los 34 años con dos títulos en Hamburgo en 2014 y 2017, un 21° puesto como mejor ubicación en el ranking mundial conseguida en 2015 y, por supuesto, ese protagonismo central que tuvo en 2016, el año de la bendita Davis para el deporte argentino.

Porque si bien en el recuerdo más vívido quedará la épica de Del Potro contra Murray en las semifinales y frente a Cilic en la definición o el histórico triunfo de Delbonis en el quinto y decisivo punto de la final ante Karlovic, Mayer aportó en aquel camino dos éxitos en el 3-2 frente a Polonia de la primera ronda y la victoria decisiva ante el británico Evans en el último partido de la serie de las semifinales en Glasgow.

Pero además, en la Davis, el correntino siempre fue un jugador que dio un plus. Podía tener una mala semana previa de entrenamientos o llegar sin confianza a un match pero, a la hora de jugar, aportaba seguridad. Y triunfos. Como los 15 que logró en 24 encuentros.

Leonardo Mayer junto a Federico Delbonis, homenajeados en la Bombonera a fines de 2016. Foto Marcelo Carroll

Leonardo Mayer junto a Federico Delbonis, homenajeados en la Bombonera a fines de 2016. Foto Marcelo Carroll

De todos modos y más allá de su tenis, a Mayer se lo recordará por sus ocurrencias en el momento exacto de una serie crucial y, sobre todo, por su bondad con sus compañeros. Porque Mayer es buena gente. Y de eso mucho se vio en la inmediata repercusión entre sus colegas que tuvo su retiro. Las redes sociales se llenaron de elogios hacia su carrera pero, fundamentalmente, fueron el termómetro para remarcar una manera de ser que nunca cambió.

El adiós no sorprendió. Hacía rato que buscaba resultados que no llegaban, muchos por culpa de un hombro herido por cientos de batallas. Su último intento fue en junio, cuando perdió en la primera ronda de la clasificación de Wimbledon ante Marco Trungelliti. Ahí supo que el fuego sagrado se había extinguido y que ya no tenía más nafta en el tanque. Después de darlo todo. Como aquella tarde de Tecnópolis que terminó entre lágrimas de dolor físico y de alegría del alma.



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