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Murió Juan María Traverso, leyenda del automovilismo argentino



Juan María Traverso, uno de los grandes pilotos de la historia del automovilismo argentino, murió este sábado a los 73 años. La noticia fue confirmada por la Asociación Argentina de Volantes y por la ACTC. El Flaco, que peleaba desde hace tiempo con una larga enfermedad, falleció en su casa de Ramallo, la ciudad de toda su vida. Fue allí en donde empezó a coquetear con el deporte motor para convertirse con el correr del tiempo en una leyenda. Será velado este domingo 12 de mayo, desde las 13 hasta las 18, en la Parroquia Cristo Salvador de Villa Ramallo, Buenos Aires

Ganador de seis títulos de Turismo Carretera, siete en el Turismo Competición 2000 y tres en el Top Race, Traverso fue uno de los más grandes protagonistas del automovilismo nacional durante más de tres décadas. Tuvo también experiencias en el exterior: compitió en la F2 Europea y en el Turismo Italiano.

“Se fue un gran ídolo. La ACTC expresa un profundo pesar por la muerte de Juan María Traverso, el ídolo que trascendió al automovilismo. Siempre… siempre recordaremos al “Flaco” de Ramallo. Que en paz descanse”, posteó en sus redes sociales la Asociación de Corredores de Turismo Carretera.

“Descansa en paz Juan Maria Traverso, el ídolo máximo del automovilismo argentino. En cada autódromo del país tu nombre estará siempre en el recuerdo. Desde la Asociación Argentina de Volantes, entidad de la que fuiste presidente hasta el último día, le enviamos condolencias a todos los que alguna vez conocieron a Juan María Traverso”, resaltó la Asociación Argentina de Volantes, de la cual era presidente desde que se retiró.

Nacido en Ramallo el 28 de diciembre de 1950, el joven Traverso siempre mostró interés en la mecánica y en la velocidad. Sin embargo, no lo fue fácil llegar a competir. «Mi viejo tenía un Ford 35 y mi tío, un Plymouth. Aprendí a manejar con esos autos, en el campo. Les daba contacto, arrancaban y andaban hasta que se acababa la batería», contaba cada vez que le preguntaban sus inicios.

De la mano de su amigo Mario García, otro vecino de la localidad del norte de la Provincia de Buenos Aires, a quien acompañaba en las carreras, fue como pudo meterse en el gran circo. Primero fue en el karting y más tarde en el TC. De hecho, su debut en la categoría reina también se la debe a «Marito», quien se sumó a las filas del equipo oficial de la General Motors y le cedió la butaca del Torino Liebre con el que competía hasta el momento.

«Cuando cumplí 18 años, porque si no tenías registro no podías subirte al auto. Marito García, un piloto de Ramallo, corría en TC con un Torino y decidió cambiarlo. Su padre me lo prestó para empezar. Mi viejo me ayudó, compró ese auto y después empecé a tomarle el gustito. Cuando le conté que quería correr me preguntó “¿para qué?”. No sabía qué eran las carreras y se opuso, hizo lo imposible para impedírmelo, pero luego se transformó en mi hincha número uno», rememoraba.

Así fue el inicio de quien se convertiría en una leyenda, tanto por su capacidad de conducción como por su osadía para adelantar a sus rivales sin medir las consecuencias. Y ni qué hablar de su lengua filosa para marcarles la cancha a quienes consideraba que no estaban a su altura.

«Si sos bueno arriba del auto pero un gil abajo, podés ganar uno, dos campeonatos a lo sumo. Pero nunca 16 como gané yo. En el fondo, el éxito es una suma de pequeñísimos detalles. Te falta uno, y chau», explicaba sin vueltas.

Su debut en la categoría reina del automovilismo argentino se produjo el 31 de octubre de 1971 en la Vuelta de Pergamino, «Estaba más contento porque había ganado (Eduardo) Copello que por haber debutado en Turismo Carretera», contaba el Flaco para demostrar su admiración hacia quien tenía como ídolo.

La primera de sus 46 victorias en el Turismo Carretera se dio el 29 de octubre de 1972 en la Vuelta a 25 de Mayo a bordo de un Torino. Las crónicas de la época cuentan que en su vuelta triunfal a Ramallo fue recibido por una multitud. Acababa de nacer un ídolo popular.

Si bien ya se había convertido en un protagonista de la categoría, el primer título para el Flaco en el TC llegó en 1977. Ya había dejado el Torino para conducir un Ford Falcon con el que también fue amo y señor en 1978.

Su vigencia queda a la vista porque volvió a dominar en los 90 a bordo de un Chevy inolvidable -el color violeta con publicidad de una empresa de correo privado- con el que consiguió el tricampeonato entre 1995 y 1997. Su último título en el TC lo obtuvo en 1999, otra vez a bordo de un auto de la marca del Óvalo. Volvió a competir con Torino en sus últimos años. Su última victoria fue el 22 de agosto de 2004 en el Autódromo Sudamericano de Olavarría. Largó en total en 235 carreras y obtuvo 20 poles. Está en el podio de máximos campeones de la categoría, ya que sólo es superado por Juan Gálvez, con nueve títulos, y Guillermo Ortelli, con siete. Un grande.

Y si fue grande lo del TC qué decir de su trayectoria en el TC2000, donde es el máximo campeón, con sus siete conquistas, y el máximo ganador, con las 68 carreras en las que fue el primero en ver la bandera a cuadros. Llegó a la categoría luego de haber probado suerte en Europa. Empezó a competir a bordo de un Ford Taunus.

Sin embargo, las alegrías -y el dominio absoluto. llegó en 1986 con la obtención de su primer campeonato a bordo de una cupé Renault Fuego.Repetiría en 1988 -el año de su carrera más recordada porque en Roca, Río Negro, terminó con su Fuego prendida fuego-, 1990, 1991, 1992 y 1993. Y volvería a festejar en 1995, pero arriba de un Peugeot 405. Participó en 304 competencias y en 73 ocasiones salió desde el primer lugar

Sus últimos títulos fueron en el Top Race, una categoría que por aquellos años se ánimo a quitarle público a sus otra dos hermanas mayores. Allí festejó en 1998 y 1999 -Mercedes Benz- y 2003 -BMW-. Corrió 88 pruebas con 19 victorias y 6 poles.

«¿Quién es Juan María Traverso? Un tipo que nació en Ramallo y que todo indicaba que iba a seguir los pasos del padre en el campo. Pero la pasión por el automovilismo, que no sé de dónde salió, le hizo cambiar los planes. Desde que tengo uso de razón le dediqué mi vida a los autos. Parezco soberbio pero no lo soy. Mis actitudes parecen soberbias, pero yo digo lo que pienso, que es distinto. Siempre dije lo que pensaba», se definía sin pelos en la lengua.



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