Vélez, Racing y un empate bajo cero como la fría noche de Liniers



La noche es fría en Liniers, pero se reanuda la Liga Profesional y todos esperamos un poco de calor. Los hinchas que están en su casa, detrás del televisor, tal vez con una estufa a mano, no necesitan que les enciendan la pasión, claro. Pero desean una victoria ardiente que le suba la temperatura a la tabla de posiciones ya mismo, desde esta primera fecha. Y los que llegamos hasta el estadio Amalfitani, bien abrigados, aguardamos un poco de fuego sagrado. Sin embargo, el fútbol es bajo cero. Casi no hubo tiros al arco, sobraron las imprecisiones, abundó el juego ordinario. Sí, Vélez y Racing terminaron helados de emociones.

Es cierto que la cabeza de unos y otros está enfocada en los octavos de final de la Libertadores. También, que el primer partido del campeonato cayó justo en el medio del mano a mano copero y la situación ameritaba para que los técnicos guardaran sus mejores valores y probaran algunas variantes. No obstante, había mayores expectativas.

En este contexto, Vélez apostó a ocho jugadores que habitualmente son suplentes. Entre ellos, Ricky Alvarez, que volvió tras una auténtica década ganada en Europa reformulado como volante interior. Anoche, partió desde el círculo central en un doble cinco con Gerónimo Poblete. Y manejó el medio. Con algunas pelotas cruzadas, cambios de frente y tiros libres. Sin embargo, a sus compañeros les faltó pimienta para sazonar el área de Gabriel Arias. Hubo algún desborde de Lenny Lobato por la izquierda. También, un par de diagonales de Luca Orellano, zurdo volcado a la derecha. Y un quiebre de cintura de Cristian Tarragona, a pura gambeta, que se encontró con un notable cruce de Eugenio Mena. Y no mucho más.

Racing volvió a mostrar un buen rato del fútbol insípido que predominó durante el ciclo de Juan Antonio Pizzi. Pasó de un partido muy aceptable contra San Pablo, en el que plantó bandera en el Morumbí, a la exasperante lentitud en el traslado, poco cambio de ritmo y peso pluma en la zona de gol. Con muchos relevos, a bordo de un 4-2-3-1 que se transformó en un 4-1-4-1 en el repliegue, sólo tuvo alguna luz cuando Darío Cvitanich, devenido a una suerte de enganche, abrió la cancha para las subidas de Iván Pillud. El resto estuvo muy impreciso. Maxi Lovera y Matías Rojas perdieron muchas pelotas, lo que obligó a Aníbal Moreno y Leonel Miranda a redoblar esfuerzos.

Pizzi insiste con Rojas, que luce la “10” que honraron dos Rubén de zurda mágica (Paz y Capria), pero no logra hacerse dueño de la pelota. Esta vez, arrancó por la derecha. Si la idea del técnico era que explotara con su mejor perfil hacia adentro, no funcionó. Y salvo su pegada, muy útil para alguna pelota parada, no gravitó. Y Javier Correa quedó muy aislado.

Vélez y Racing no patearon al arco en los primeros cuarenta y cinco minutos. Y se esperaba algo mejor para el segundo tiempo. Ilusos aquellos que creyeron que podía mejorar. Ni siquiera con Mena lanzado en ataque, casi como extremo, Pizzi logró darle esperanzas ofensivas a su equipo. Recién en el último tramo del partido, cuando sacó a Moreno y a Correa y mandó a la cancha al pibe Maggi y a Ignacio Piatti, la Academia tuvo mayores recursos arriba. Ya estaba en el campo de juego Tomás Chancalay, reemplazante de Cvitanich, desgastado en una función que no siente, inadmisible a sus 36 años. Terminó agotado retrocediendo para colaborar en la recuperación.

También se cansó Alvarez, el mejor de Vélez, y Mauricio Pellegrino ordenó el ingreso de Santiago Cáseres en el medio. También salió Lobato y entró Lucas Janson. Hubo un rato de dominio, con alguna pelota cruzada de Nazareno Romero y el amenazante juego aéreo de Tarragona. Pero en los últimos diez tuvo dos chances muy claras Racing. Un tiro de Piatti, tras una gran jugada en la que participaron Rojas, Chancalay y Pillud, y otro de Rojas que pasaron muy cerca del poste izquierdo de Hoyos.

Terminó mejor Racing, pero dejó unos cuantos interrogantes. ¿Por qué no tuvo ni cinco minutos Lisandro López, el ídolo que se arrepintió y volvió de Estados Unidos? ¿Cuál será la verdadera cara del equipo, la de San Pablo o la de anoche? Respuestas que deberá dar Pizzi y su trabajo, siempre bajo la lupa.



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